Beata María de la Encarnación

La Beata María de la Encarnación, Patrona de nuestro Colegio, es hija espiritual de Santa Angela Merici, Fundadora de las Ursulinas.

Nació en Tours, Francia, el 28 de Octubre de 1599. La gran aventura comienza para ella sin que lo sepa, cuando a los siete años tiene un sueño que se revelará profético, y en el cual el Señor le pregunta: "¿Quieres ser mía?" y ella le responde "Sí". Solo es un sueño, pero la niña quedará marcada por él toda su vida.

Su madre la encuentra demasiada alegre y llena de vida para ponerla en un convento; así es como, obedeciendo a su padres, María Guyart se deja casar con Claudio Martín, un maestro artesano de la seda. A los veinte años se encuentra viuda, arruinada y con una criatura de seis meses.

Durante ese período de tribulaciones, el Señor se le manifiesta nuevamente y de forma fulgurante: un día, mientras se está dirigiendo a sus ocupaciones, de pronto algo la detiene, y se le aparecen todos sus pecados y hasta las más mínimas imperfecciones de su vida, y se ve a sí misma bañada en sangre, que es la sangre de Cristo derramada por su salvación. Se trata de una nueva llamada y una vez más responde "Sí".

Desde entonces, María se entrega a Dios enteramente y recibe una segunda visión trinitaria durante la cual se realiza su matrimonio místico con el Verbo. Pronto comprende que no puede resistir más la voz del Señor que la llama a abrazar la vida religiosa. Así, en 1631 entra en las Ursulinas "porque están constituidas para ayudar a las almas". Dios se ocupará de su hijo: él mismo se lo da a entender. Efectivamente, éste se convertirá en el benedictino Don Claudio Martín, y será el primer biógrafo de María de la Encarnación. 

En el convento, los tormentos y las alegrías espirituales se alternan, y pronto tiene lugar la llamada a la misión: en una primera visión María ve un país envuelto en bruma, y en la segunda visión se le anuncia que ese país es el Canadá y que debe partir allí.

En 1639 se inicia la gran aventura y parte al Canadá junto con otras hermanas, sin preocuparle los peligros de la travesía en vela, las terribles condiciones de vida en Quèbec, las dificultades de adaptación, las guerras fomentadas por los Iroqueses. ¡Lo único que importa es el gran amor que late en su corazón!. Desde ese entonces, no cesa de "consumirse en aras del servicio de Dios y de los pobres indios".

María crea gramáticas y diccionarios en las lenguas indígenas que tantos esfuerzos le costará aprender; infatigable, se hace cargo de todos los asuntos materiales, escribe en Francia un sin fin de cartas... y se adentra cada vez más profundamente en el misterio de Dios... "Me pierdo en aquel que me agrada por encima de todas las cosas...".

A través de la miles de tareas que realizó en su vida captamos su genio, su corazón, su intuición femenina y por sobretodo su amor sonriente y contagioso.

El 30 de abril de 1672 María de la Encarnación entra para siempre en el corazón de la Trinidad. Su beatificación tuvo lugar el 22 de junio de 1980.

"Cuando se pertenece a Dios, es necesario seguirlo donde El quiera; y
es necesario volver siempre a este punto a perderse en su Santa Voluntad"